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Jugando a la atrapada

Jugando a la atrapada
Por Valentina Ulibarri - 2 de Abril Comparte

The Walking Dead Temporada 4 Capítulo 14.
Un lugar donde la inocencia y los juegos de niños no están permitidos.

Luego de haber visto a todo el grupo separado en el intento por sobrevivir, hacía falta un episodio que hiciera única esta segunda entrega: The Grove. Sin duda uno de los mejores episodios de esta cuarta temporada. La carga emotiva y la actuación de Brighton Sharbino en el papel de Lizzie son aspectos que merecen ser destacados.

Las hordas de caminantes y sus ataques brutales dejan de ser algo novedoso. Ahora lo que impresiona son las consecuencias psicológicas que un mundo catastrófico puede generar en el hombre y sobre todo en los niños. Algunos son más fuertes que otros como Carl y Mika. Ellos saben con qué se enfrentan y qué deben hacer cuando están amenazados por el terror. Sin embargo, la inocencia y la inmadurez le juegan una mala pasada a Lezzie. Dejar las muñecas de un día para otro y comenzar a cargar un arma, es difícil. Frente al mundo que caracteriza a The Walking Dead, lo único que vale es el instinto de supervivencia.

La realidad le hace sentir temor e incluso ingenuidad del mal que existe. Su mente está atrapada en la idea de que todo lo peligroso esconde benevolencia. Ignora la realidad y el peligro de los zombies para convencerse de que lo que ve, no es real. Y esto es normal. Luego de presenciar tanta violencia, uno mismo se pide un momento de paz para poder comprender los hechos. Algo similar sucedió con Hershell; “protege” en su granero algunos integrantes de su familia bajo el precepto de que, aunque convertidos todavía son personas o pueden volver a serlo. Sin embargo, la diferencia entre la reacción de Hershell y la de Lizzie es la inocencia de ella. Un punto clave para entender el porqué de sus acciones.

Quiere adjudicarle otro sentido a la realidad creyendo que un caminante es amigable. Tan fuerte es su ímpetu por demostrar que tiene razón, que termina por matar a su hermana. La incoherencia mental le hace pecar en exceso. Un exceso que solo puede acabarse con otro. Y ahí es cuando llega la respuesta de Carol. En un mundo repleto de caminantes que arrasan con las pocas vidas que quedan, es inadmisible la existencia de una niña que los considera sus amigos para jugar a la atrapada. Una vez que la atrapen, ya no podrá jugar más. El gatillo se aprieta y Carol la salva de su realidad ficticia.  

Sin embargo, todavía falta la gota que derrama el vaso: la confesión de Carol a Tyreese. Las risas de las niñas desaparecen y el entusiasmo del nuevo hogar se desmorona. La angustia inunda todo el living y Carol arriesga su vida al contarle la verdad a Tyreese. Con un arma cargada en frente de sí Tyreese siente el impulso de vengarse, pero su razón le habla primero. Opta por el perdón. Y es que por lo menos se puede rescatar algo bueno de este mundo apocalíptico y hostil; la redención

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