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The Watchers on the Wall

The Watchers on the Wall
Por Sofía Vanoli Bianchi - 9 de Junio Comparte

Game of Thrones Temporada 4 Capítulo 9. Los hombres libres finalmente llegan a Castle Black.

Como ya es tradición para la serie, los penúltimos capítulos son los que concentran toda la acción de cara al final de temporada. La primera temporada vio la primera victoria de Robb, la segunda fue la batalla de Blackwater y la tercera nos trajo The Red Wedding. Esta entrega no se salta la regla. Los hombres libres finalmente llegan a la muralla, después de capítulos y capítulos de anticipación, y traen consigo la promesa de una guerra épica.

Como era de esperarse, los cuervos desearon haber escuchado a Jon Snow cuando todavía tenían tiempo. El ejército de Mance los superaba en promedio 100 a 1. Su plan de ataque era pésimo, varios puntos de la muralla eran más que vulnerables y la incompetencia de las personas al mando era sublime. El único que parecía tener una mínima idea de lo que estaba haciendo era Jon, y sin el Castle Black seguramente hubiese caído. Y bien merecido hubiera sido. Evidentemente si los cuervos caen todo está perdido para los siete reinos, y tampoco es que quiera que los cuervos caigan, pero después de la superioridad con la que actuaron se merecen lo que el ejército de Mance les proporcionó.

Una de las muertes más significativas del capítulo fue la de Ygritte. Era lógico que uno de los dos tenía que morir, o ella o Jon. No había manera de que pudieran estar juntos porque venían de mundos muy diferentes con convicciones muy diferentes. Además, en lo personal, su relación ya no tenía mucho sentido. Era emocionante porque era una especie de amor prohibido, pero después de que Jon la traicionó, ya no había vuelta atrás. Y si bien queda claro que los dos  tenían sentimientos fuertes por el otro, tampoco podían ser tan fuertes si estaban dispuestos a hacer lo que hicieron. De todos modos será triste verla ir.

A pesar de que la suerte no estuvo a su favor, los cuervos resultaron vencedores, al menos en el primer asalto. Sam y Gilly sobrevivieron. Pip no fue tan afortunado. Pero fue el shock necesario para que la hermandad entrara en acción. Hasta el momento no habían hecho nada muy significativo, pero ahora es la chance de probarse y de probar al resto de los siete reinos que son más que criminales y bastardos sin rumbo. La escena en que Grenn y los 5 hombres que quedan para defender la puerta se enfrentan a uno de los gigantes es de esas que eriza la piel. Saben que están enfrentando una muerte asegurada y, sin embargo, encuentran el coraje necesario recitando sus votos. Mance decidió retroceder, pero como bien dice Jon, fue una prueba para inspeccionar sus defensas, la segunda vez no serán tan afortunados. Y en ese mismo momento formula el peor plan de toda la historia. Enfrentarse a Mance por sí solo.

Objetivamente es la única solución que les queda. Es eso o abandonar Castle Black y huir. Además, si alguien puede ir cara a cara con Mance es Jon. Volvió de su estadía con los hombres libres hecho un hombre y no el muchacho que habíamos visto en las primeras temporadas. Parece más motivado que nunca. Pero es el último manotazo de un hombre ahogado. Nada garantiza que pueda llegar a Mance, y mucho menos matarlo. Y si logra matarlo, no hay manera de prever cómo reaccionarán sus hombres. Si fue lo suficientemente poderoso como para unir a 100 clanes en guerra, seguramente significa mucho para sus hombres. Bien pueden atacar con más fuerza en vez de dispersarse y huir.

El resto de Westeros fue puesto en suspenso a favor de esta guerra, pero con tan sólo un último capítulo antes de que termine la temporada, varias interrogantes quedan sin resolver, en principio, ¿qué pasará con Mance? ¿Se salvará Tyrion? Tal vez tengamos las respuestas, tal vez no.

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